La fortificación del Frente de Asturias

Posición rebelde

Nodo de ametralladora en Oviedo

La contienda civil que asoló España entre 1936 y 1939 y que algunos han llamado la Guerra de los Mil Días, tuvo en el llamado Frente de Asturias una duración, en lo que a operaciones militares se refiere, de sólo 459, pero, en cambio, fue de una dureza extrema.
Durante los quince meses en que la región la padeció, apenas hubo día sin combates y éstos fueron siempre de la mayor intensidad. Además, aparte de la progresión de las llamadas “columnas gallegas” a través del Occidente asturiano entre julio y octubre de 1936 -avance que obedecía a la necesidad de los sublevados de prestar auxilio a sus fuerzas cercadas en Gijón y Oviedo-, y de la ofensiva franquista en septiembre/octubre de 1937 que puso fin a la resistencia gubernamental en el teatro de operaciones del Norte, el resto del tiempo la lucha se desarrolló en un frente estabilizado -o mejor dicho, inmovilizado- que ninguno de los dos contendientes fue capaz de modificar pese a sus reiterados esfuerzos: el frente que rodeaba la ciudad de Oviedo y llegaba hasta el mar, siguiendo desde Grado la línea del río Nalón, que hacía de divisoria entre los dos bandos. En esas circunstancias, convertida la confrontación en una guerra de posiciones, no resulta nada extraño que las obras de fortificación proliferaran con una abundancia extraordinaria.

Posición rebelde

Posición rebelde

Sobre todo del lado republicano, donde el ímpetu fortificador se hizo lema “Fortificar es vencer“ reproducido abundantemente en carteles propagandísticos y anuncios en prensa, si bien este fue un fenómeno de una dimensión nacional y no exclusivamente asturiano. En cualquier caso, la idea de fortificar caló hondo en el Ejército Popular, hasta el punto de que en sus Ordenes de Operaciones ofensivas se insistía una y otra vez en la necesidad de fortificar las posiciones que se les señalaban como objetivos inmediatamente de ser ocupadas. Así, en torno a Oviedo y a lo largo del “pasillo” o “corredor” con que la capital de Asturias se comunicaba con sus retaguardia se constituyó una tupida línea de fortines que, con el tiempo, fue reforzada por una segunda línea y después con una tercera, con lo que hoy podemos encontrarnos obras de fortificación bastante alejadas del frente de combate, que nunca llegaron a ocuparse.

Nido republicano en Siero

Nido republicano en Siero

Por su parte, los sublevados se mostraron muy poco propicios a la construcción de obras de fábrica. El propio general Aranda, organizador de la rebelión en Asturias, reconoce en alguno de sus informes que no había podido conseguir que sus tropas se tomaran en serio la cuestión de fortificar. Y así, son frecuentes casos como los que se dan en la sierra del Naranco donde posiciones republicanas, como el Campo Cimero y Les Llanes nos muestran hoy concentraciones de nidos para fusil y ametralladora del orden de quince obras en un espacio de cien metros cuadrados en cada una de ellas, mientras que en la posición rebelde que se les enfrentaba, las del Cantu del Árbol, sólo hay trincheras excavadas en la tierra, que en su día completarían unas alambradas, hoy desaparecidas.
En lo que atañe a Oviedo, no hay que olvidar que los alzados combatían en las calles y las casas de los barrios periféricos, sirviéndoles de parapeto las ruinas de estas últimas que se conformaban con reforzar y completar utilizando sacos terreros -de los cuales se estableció una fábrica en el Oviedo sitiado- y tablas y maderos de los edificios derruidos. Aunque también levantaron algunas, pocas, obras de hormigón pues hay constancia de ellas.
El resultado de esta actitud es que apenas han llegado hasta nosotros fortificaciones del llamado bando nacional. Un nido en Oviedo, en las cercanías del estadio Suárez Puerta y dos bunkers en el alto del Escamplero que no tenían función combativa, careciendo por tanto de troneras, sino que estaban dedicados, según todos los testimonios, a polvorines. Las obras hechas por los sublevados fueron destruidas, inicialmente, durante la reconstrucción de la ciudad y, más tarde, por la expansión urbanística. Lo cual es cierto. Pero no deja de ser una prueba de su desgana fortificadora el hecho de que no se encuentren obras -salvo las dos citadas- en todo el inverosímil pasillo de comunicación que, pese a la falta de fortificación pesada pudieron mantener durante toda la guerra, a pesar de los repetidos ataques de que fue objeto.

Posición rebelde

Posición republicana en el Naranco. Al fondo Oviedo

En consecuencia, el estudio, la conservación, y la puesta en valor en su día de las fortificaciones supervivientes de la guerra civil en Asturias, ha de centrarse forzosamente en las fortificaciones republicanas. No hay otras. También han sido destruidas muchas de ellas. Especialmente las más próximas a Oviedo. Pero, gracias a la fiebre fortificadora del Ejército gubernamental, son igualmente muchas las que aún quedan en pié. Algunas en muy buen estado de conservación.

La guerra civil en el frente de Asturias muestra, en lo que a las fortificaciones republicanas se refiere tres periodos bien diferenciados. El primero de ellos abarca desde el inició de la guerra, en julio de 1936, hasta la ruptura del cerco por las columnas gallegas el 17 de octubre. Periodo en el que las milicias populares mantienen la iniciativa. Han conseguido alinear con el Gobierno toda la provincia de Asturias, en la que no quedan más que dos focos rebeldes -la ciudad de Oviedo y los cuarteles de Gijón- que van a ser aplastados en cualquier momento. Los hechos parecen darles la razón cuando el 21 de agosto conseguían aniquilar el último reducto gijonés -el Cuartel de Simancas-.

Ahora podían volcar todas sus fuerzas sobre el Oviedo cercado en torno al cual ha ido estableciéndose una línea de posiciones elementales -trincheras, parapetos, alambradas- en las que ampararse mínimamente del fuego enemigo. No merecía mucho la pena fortificar, si es que iba a ocuparse la plaza de un momento a otro. Bien es cierto que empieza a dibujarse como un serio peligro el avance desde Occidente astur de las columnas procedentes de Galicia que pretenden auxiliar a los sitiados, pero su rápido ritmo de progresión no permite construir obras de fábrica, aunque se deseara; sólo pueden oponerles fortificación ligera de campaña. Además, se confía en detenerlas con relativa facilidad.

Parapeto de los sublevados en Oviedo

Parapeto de los sublevados en Oviedo

No fue así. Las columnas rebeldes lograron romper el cerco de Oviedo y abrir un pasillo de comunicación de la ciudad con su retaguardia. El golpe moral que sufren las milicias gubernamentales es considerable, aunque siguen convencidos de aplastar a los sitiados. Pero éstos, ahora reforzados, tratan de ampliar el “hinterland” de la plaza y se desencadena una guerra de posiciones. Por otra parte, ha llegado el invierno y las inclemencias del tiempo se dejan sentir en las trincheras, la lluvia derrumba los terraplenes y las chabolas que han de ser consolidadas, al tiempo que los combatientes tratan de procurarse algunas comodidades. Es este el segundo periodo, que abarca hasta febrero/marzo de 1937, durante el cual empiezan a construirse las primeras obras de hormigón. Lo cierto es que no hemos encontrado ninguna fortificación en la que se lea la fecha de 1936, aunque no hemos perdido la esperanza. Los gubernamentales, en su confianza de conquistar Oviedo lanzan dos grandes ofensivas generales contra la ciudad y su corredor de comunicación: en noviembre del 36 y febrero del 37. El fracasos con que se saldan les convencen de la imposibilidad de su empeño y renuncian a tomar Oviedo, contra el que no volverá a planearse otro ataque similar y las posiciones del cerco a la capital pasan a tener un carácter defensivo, ante una posible ofensiva rebelde desde Oviedo sobre Avilés y Gijón.
Se abre así el tercer periodo que llega hasta el final de la guerra en Asturias, que se caracteriza por una dura guerra de trincheras, golpes de mano y embestidas locales, que justifican la auténtica fiebre fortificadora que se apodera del Ejército Popular. Es a este periodo al que pertenecen la mayor parte de las obras que han llegado hasta nosotros, exhibiendo algunas fechas tan tardías como septiembre/octubre de 1937. Como es bien sabido, al llegar el momento de la ofensiva final, el principal ataque nacional tuvo lugar desde el Oriente, desde otra provincia leal al gobierno republicano, Santander, en cuyo límite parecía absurdo establecer fortificaciones. Pero cuando se desencadenó la ofensiva franquista se construyó a toda prisa una línea de defensa fortificada conocida como Línea del Sella muchas de cuyas obras han llegado a nuestros días.

Emplazamiento de ametralladora republicano

Emplazamiento de ametralladora republicano

Un caso diferente es el de los puertos de montaña de la divisoria Cantábrica, donde fueron construyéndose fortificaciones con más sosiego en el tiempo, a medida que lo requerían los enfrentamientos -tan sólo locales- con la guarnición leonesa. Algunas de las obras son muy importantes en estos sectores -Lillo, Tarna..- hasta el punto de causar desazón en el Estado Mayor de Aranda cuando llegó el momento de la ofensiva final, pues no disponían de suficiente artillería pesada para destruirlas. Por ello evitó atacarlas directamente, todas fueron tomadas por la espalda. Así, han llegado hasta nosotros en buen estado de conservación, salvo el deterioro producido por la dureza del clima en esas zonas y el lógico paso del tiempo.

¿Qué tipología tienen las fortificaciones asturianas? Curiosamente de lo más variado. Cierto que la fortificación tiene que adaptarse invariablemente al terreno para lograr una mínima eficacia pero, exagerando un poco, casi puede decirse que no hay dos obras iguales. Cada emplazamiento, por modesto que sea, tiene algún detalle que le confiere personalidad propia. Los hay cilíndricos, cuadrados, irregulares, con cúpulas, subterráneos, con refuerzos suplementarios, con refugios o galerías de tiradores añadidos etc. Aunque las construcciones estaban inspiradas en un tipo de obras de campaña utilizadas por primera vez durante la Primera Guerra Mundial, no seguían un modelo concreto y su fábrica quedaba definida por el estilo particular y conocimientos técnicos de sus constructores, en muchos casos civiles, vecinos de la zona. Así es habitual encontrar dos o tres estilos completamente diferentes al recorrer unos pocos kilómetros del frente. Existe además una diferencia notable entre las obras levantadas en primera línea de fuego y aquellas construidas en segunda línea. Las primeras, realizadas bajo fuego enemigo, son siempre más toscas mientras las segundas tienen una factura mucho más cuidada.
Párrafo aparte merecen las posiciones de artillería que constituyen una de las peculiaridades de las fortificación asturiana. No es que en otras zonas de la península no se hayan construido emplazamientos artilleros cubiertos, pero es que en Asturias, en septiembre del 37, la práctica totalidad de las piezas con que contaba el Ejército Popular disponían de casamatas. Tal profusión es una característica que no se repite en otra región. Lamentablemente ni uno solo de estos emplazamientos artilleros ha llegado entero hasta nosotros. Sus techos estaban armados con raíles y viguetas metálicas, aproximadamente cada medio metro y , acabada la guerra, el Servicio de Regiones Devastadas las destechó en su totalidad para extraer el metal que les daba sustento. Una vez destruido el techo, las inclemencias del tiempo se encargarían de acelerar el deterioro de la obra. Las que han sobrevivido en mejor estado fueron aquellas a las que los propietarios de las fincas en que se encontraban les hallaron una utilidad práctica, como almacenes de aperos o, incluso, cuadras, con un techado de circunstancias. Es una lástima, porque algunas de estas baterías artilleras -las más sofisticadas-, eran muy interesantes, pues disponían de galerías subterráneas de comunicación entre las casamatas de las distintas piezas, galerías que, por fortuna, se han conservado, desde luego, en mejor estado que la construcción exterior.
En resumen, un importante pedazo de historia; un patrimonio histórico que entendemos es preciso proteger y conservar. Pero ante todo, para comenzar, es indispensable dar a conocer concienciando acerca de su valor. Esta es la finalidad principal de este proyecto Web.